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Ernesto Soltero

Chávez antiliberal, réplica a un ignorante














Ernesto Soltero





Sólo el ignorante que confunde capitalismo con intervencionismo cree que el remedio es el socialismo
Ludwig von Mises
















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 Uno de los grandes errores cometidos por la oposición venezolana ha sido el menospreciar la inteligencia del primer mandatario venezolano. Un lugar común, especialmente entre los opositores de izquierda, ha sido el considerarlo un ignorante en materia ideológica, alguien que "no se leyó bien a Marx".

 

La verdad es que nuestro presidente si ha comprendido y asimilado la obra del filósofo y economista judío-alemán. Decir lo contrario es negar el error histórico del socialismo: llevar a la práctica una teoría disparatada para comprobar su inviabilidad, a costa de la muerte de millones de personas. Su mejor acierto hubiese sido dejar la teoría en el campo de las ideas.

 

 El socialismo del Siglo XXI, al igual que otras doctrinas izquierdistas radicales,  plantea el control total de la industria y el comercio a través del Estado. Nada eso se contradice con lo planteado en El Manifiesto Comunista y otros libros marxista-leninistas. Chávez es del tipo de socialista no dogmático, quien, al contrario de los marxistas clásicos, busca nuevos medios para llegar al mismo fin: la estatización de la sociedad. Los objetivos son los mismos.

 

Ciertamente, nuestro máximo mandatario es un experto en materia de socialismo, lo cual es innegable. Pero existe algo  acerca de lo que, definitivamente, no conoce, y es  acerca del liberalismo. Hugo Chávez Frías no es el primer socialista en criticar una ideología que apenas conoce . El mismísimo Carlos Marx, al acuñar el término “capitalismo”, incluyó a dos sistemas económicos muy distintos como si fueran lo mismo. Para él era lo mismo un sistema con libertades económicas (liberalismo) a un sistema con empresas privadas controladas por el Estado (mercantilismo, intervencionismo).

 

En defensa del liberalismo

 

  No me apena decir que soy capitalista, ni tampoco que soy “de derecha”, pero a decir verdad ambos términos me resultan imprecisos. Defiendo un sistema en donde la libertad económica sea un derecho para todos, y no un privilegio otorgado a unos cuantos por el gobierno de turno. Nadie podría acusarme de “conservador” si busco el beneficio de las mayorías. Si un gobierno de derecha es aquel en donde un reducido grupo vive a costillas del pueblo, mientras el resto se muere de hambre, entonces el "comunismo" es de ultraderecha. El socialismo es en realidad un retroceso a tiempos de las monarquías absolutas, con la diferencia de que el monarca gobierna en nombre del pueblo y no por derecho divino.

 

 En cuanto a aquellos "rojos" rebuznantes, tan poco instruídos en la  materia, quienes confunden  liberalismo con  fascismo, no sólo resultan ofensivos para  quienes creemos en la libertad política y económica. Son también una muestra de cómo los “extremo izquierdistas”, hablan con propiedad de ideologías que en realidad no conocen.

 

 El fascismo se parece más a ellos: es una variante del socialismo autoritario, y no “el otro extremo” como dicen algunos centristas. En el fascismo el Estado controla la industria y el comercio, aunque de manera más indirecta. Permite la iniciativa privada bajo condiciones impuestas por un caudillo tiránico. Rechaza el individualismo. Desde ese punto de vista, es extraño que gente “opositora” como Peña Esclusa no se haya decidido a apoyar una Reforma constitucional que no eliminaba la propiedad privada pero atentaba contra ella, al tener el Estado el poder de quitársela a su dueño cuando así lo quisiera.

 

 La miseria en este país no es culpa del liberalismo, ya que aquí nunca ha existido una economía de libre mercado ni un gobierno limitado. En el siglo XIX (cuando intentamos de implantar el modelo liberal en Venezuela) éramos un país sin ningún desarrollo industrial. Cuando Venezuela se industrializó fue con sistemas económicos no liberales. Si en Venezuela existiera libre mercado tendríamos más empleos, la persona más pobre tendría una vida digna, la competencia entre empresas derivaría en mejores pagos a los trabajadores y costos más bajos en los productos. Eso, según los socialistas, es el infierno.

 

 Nuestro comandante rebuzna, al igual que sus seguidores, al hablar de la oposición y los gobiernos puntofijistas como representantes de la “democracia liberal burguesa”. No se da cuenta que ese “capitalismo salvaje” del cual tanto habla no es para nada liberal, existe cuando el Estado otorga concesiones a sus amigotes y restringe las libertades económicas a las mayorías. El empresario “egoísta”, aquel que no piensa en los demás, no es liberal. Es aquel que aprovecha los mecanismos gubernamentales a su favor, recibiendo subsidios y eliminando a la competencia.

 

 El liberalismo no es excluyente, como dice nuestro presidente. Es la democratización de la riqueza, muy al contrario de lo que ha logrado históricamente el socialismo pese a sus intenciones. El liberalismo confía además en el individuo común y corriente, y rechaza la idea de que “el Estado sabe lo que es mejor para nosotros”, tan característica de los partidos conservadores del siglo XIX y tan típica, irónicamente, de quienes se dicen “progresistas".
















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