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Ernesto Soltero

Centrismo radical: "suecialistas" y conservadores contra el chavismo














Ernesto Soltero





La oposición venezolana es de centro,
está a medio camino entre la ignorancia y la estupidez.
Un extremista malo
















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Una nueva ideología ha nacido para oponerse al socialismo del Siglo XXI: el fundamentalismo de centro. Nada nuevo bajo el sol, sólo otro intento más por “tomar lo mejor de cada ideología y crear un nuevo pensamiento”. El fundamentalismo de centro se caracteriza por  predicar la tolerancia y el pluralismo, pero “no tolera” posiciones radicales. Usted puede ser de extrema derecha o de extrema izquierda, pero por favor, modere su discurso. ¡Nunca una masa tan heterogénea había sido tan homogénea!.

 

 Pero el fundamentalismo de centro o “centrismo radical” no es siquiera una mezcla de factores antagónicos. Es simplemente un grupo de gente que tras el fracaso del “comunismo” y su desconfianza ante lo que ellos creen es el capitalismo, ha optado por una supuesta “opción intermedia”. Dicen simpatizar con un “socialismo a la chilena” y el “comunismo chino” por su apertura al comercio, pero le tienen miedo a la palabra “privatización”. Todos, absolutamente todos, son defensores de la intervención estatal, un remedio malísimo para esa enfermedad que es la pobreza. Son amantes de las libertades individuales (sin extremos, eso sí), ¡pero como le temen a la libertad económica!.

 

 El “centrismo radical” tiene diversas causas: la falsa creencia en “los extremos malos”, las décadas de seudo-capitalismo excluyente o “libre mercado mocho” made in Venezuela (es decir, mercantilismo, no liberalismo),  la implantación en los 90 de un supuesto modelo “neoliberal” que nunca fue nuevo ni fue liberal y  por supuesto, la caída del muro de Berlín. Decir que la libertad y el totalitarismo son dos “extremos malos” equivale a decir que la vida y la muerte también lo son. ¡Suponemos entonces que ser un moribundo con libertad condicional es la solución ante tanto extremismo!

 

 El centrismo radical, tan conciliador, ha servido para unir a “progresistas” y “conservadores”. Los primeros creen en el “Estado benefactor”, los segundos saben que un Estado intervencionista, con todos sus controles, no beneficia a más nadie sino a ellos.Mientras los “progresistas” creen poder ayudar a las mayorías con la fórmula fracasada del puntofijismo, los conservadores saben que esa es la fórmula para preservar sus monopolios. No por casualidad los gobiernos adecos y copeyanos (socialdemócratas) fueron tan amigos de la oligarquía.

 

 

Esa es la “oposición” venezolana. La unión de socialistas moderados (“neo-adecos” o “suecialistas”) con quienes ascendieron económicamente gracias a los privilegios gubernamentales. El movimiento estudiantil, esperanza de quienes esperaban propuestas nuevas cayó en la trampa y terminó predicando el mismo discurso. Los estudiantes “demócrata-socialistas”, quienes a veces confunden a Suiza con Suecia (es decir, la gimnasia con la magnesia), acuden a Fedecámaras a “martillar” un dinerito para comprar más pintura blanca y manifestar contra un enemigo que no es tan diferente a ellos. Se creyeron el cuento de que el capitalismo es malo gracias a su malformación ideológica (no es su culpa, se lo enseñan hasta en las universidades más “escuálidas”). Su propuesta es dar el mismo veneno populista del chavismo en menor dosis. No se dan cuenta de que el socialismo, radical o moderado, es excluyente.
















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